Jamás me devolvieron la mota mis padres. Tendría que, sin remedio, ir en busca de más. Recién acababa de conocer a mi nuevo dealer. Era un personaje de película: Rubio, guapo, y daba servicio de narcomenudeo en su motocicleta, lo cual lo terminaba de convertir en el dealer más galán que se hubiera visto. Atendía de buena gana, uno se lo podía encontrar en las mejores fiestas electrónicas de la ciudad y además, servía la orden abundantemente, lo cual en estos días es muy bien valorado.
Mi hermano se cooperó con $50 pesos. Yo pondría la otra mitad. Me lancé con mi padre, quien me dejó a una cuadra del dealer. le dije que iría con amigos. Tuve que esperar al hombre de la motocicleta cerca de 40 minutos porque se encontraba ocupado. Fumé en el camino a casa.
Mi meta fue intentar conseguir un nuevo escondite de la marihuna an el cuarto. Pero eso sería visto más tarde.
Esa noche, en el Oxxo, no tuvimos demasiada actividad, y comprobamos, que la nueva marihuana, estaba muy pegadora. Justo como nos gusta.
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