miércoles, 11 de julio de 2007

Dia 2: De lo que te dicen tus padres, despues de encontrarte Marihuana.

Soñé que estaba en España, abordando un tren. Cruce unas grandes escaleras que me llevaron a una gran recepción un lujoso hotel. Un hombre me ofreció un cigarrillo. Yo lo tomé. Detrás de mí, comencé a escuchar la voz de mi padre que me gritaba, luego la de mi madre, y sus gritos se hicieron más intensos, y más, hasta sentir miedo, y en ese momento, estaba despertando.
Mis padres estaban en el umbral de la puerta. En cuanto abrí los ojos preguntaron: -¿de quién es la marihuana?

Estuve toda la noche anterior pensando en la que sería la mejor excusa para librarme de sus sermones y castigos, y la mejor idea era decir que era de alguna amiga. Y de todas las amigas, Clara era la indicada. Clara tenía ya historial delictivo ante mis padres, debido a que en alguna ocasión en que ellos salieron de viaje, mi hermana encontró nuestra marihuana en la cochera, y dijimos que había sido de Clara, según esto, que porque tenía muchos problemas en su casa. Sin embargo, le pedí a mi hermana que por favor no le dijera nada a mamá. Y conociendo a mi hermana y sus instintos de lavadero que la caracterizan, fue con el chisme a mi madre. Al mi madre escuchar el nombre de Clara, parecía una excusa muy razonable, hasta que sacaron un as debajo de la manga.

Mi padre comenzó a decir que conocía de marihuana y de drogas. Y que sabía que a los pachecos se nos ponen rojos los ojos. Por lo que la noche anterior, también la dedicaron a escuclcar e inspeccionar todas nuestras cosas en busca de evidencia que nos inculpara. y la encontraron. Sin embargo, nosotros tenemosuna mente veloz, que crea alguna excusa en cuestión de segundos. De pronto, mi padre anunciaba un gotero. Era un bote vacío de gotas para los ojos. Lo cargaba en su mano. Cuestionó su procedencia y dueño.

-Es de Gerardo. Se le irritan los ojos. - Dijimos. Y además añadimos comentarios de molestia y cansancio, demostrando un alto grado de indiferencia, lo cual terminó de dar credibilidad a nuestro encuentro. Resultó que abandonaron el cuarto y fuimos libres de culpa.

Más tarde, y después de haber dormido tranquilos, bajamos a comer, en donde mi madre y yo tuvimos una interesante conversación en su manera de ver a los pachecos. Cuando era joven, en alguna ocasión tuvo la suerte de visitar a los parientes de mi padre, que eran la peor escoria del bajo mundo de San Diego, Tijuana, y esas pendejadas. Una noche, mi madre fue encerrada por los primos de mi papá en un autómovil. Querían ponerla bien pacheca dentro. No la dejaban salir. Encendieron un churro de marihuana pero mi mamá hizo un zafarrancho y la liberaron. Desde entonces, mi madre tiene muchos traumas con la marihuana.

Dijo que lloró por encontrarme mota, preocupada por sus hijos. Yo era su hijo estrella, su hijo de las buenas calificaciones, de los negocios productivos, el entreperneur de la familia, el legado, la creatividad. Me dijo que después de saber que no era mía, se sintió mucho mejor.

Le pregunté qué sabía de los marihuanos, y me contestó básicamente datos erróneos del caso: Que los marihuanos son super violentos, que comen demasiado (es uno de los síntomas), y que como yo casi no como, yo no puedo ser un pacheco. Además ve que trabajo y que no soy un salvaje. Qué venda tan grande tienen sus hermosos ojos. Y qué bueno, así nos toca de a más mota.

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